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martes, 16 de abril de 2024
miércoles, 3 de abril de 2024
MATERIAL PICTÓRICO SAHARA 2023
Durante mi viaje a Marruecos en
el otoño de 2023 para realizar una travesía por el desierto del Sahara, pude
recolectar diverso material para mis futuros trabajos pictóricos: Arena fina de
las dunas del desierto; diversas muestras de tierra sedimentaria del fondo de
un antiguo lago seco; pequeñas piedras encontradas en dicho fondo de variado
colorido; fragmentos de sílex; tierra arcillosa sedimentaria rosada de las
cercanías de la fortaleza de Ait Ben Haddou.
También recolecté entre las dunas algunos
huevos vacíos alargados de lagarto recubiertos de arena, con intención de
experimentar con ellos en algún trabajo creativo. Desafortunadamente, durante
el transporte, todos excepto uno sucumbieron. El superviviente, que conservaba
como “oro en paño” en un frasco de cristal con arena del desierto, finalmente
sufrió igual destino entre las garras de Kiwi, la gata adoptiva de la casa.
En la plaza Yamaal el Fnal de Marrakech
adquirí varias piedras de azul índigo; y en una tienda de especias de Zagora,
en las puertas del desierto, varios botecitos con pigmentos tradicionales
marroquís violetas y magenta.
Todo ese material reposa en mi
estudio de pintura, rodeado de montañas nevadas y el bosque con sus primeros brotes
primaverales, lejos de la inmensidad del desierto y el sol abrasador.
Ahora observo, palpo e incluso huelo
todo el material pictórico traído, impregnándome de nuevo de la grandeza y
solemnidad de aquel territorio. Y voy comenzando a dar uso digno a dicho material
en nuevos proyectos creativos.
lunes, 1 de abril de 2024
TRAVESÍA POR EL DESIERTO DEL SAHARA
“Lu qu’embelleci al desiertu –iju el prencipinu-, es qu’escuendi un poẓu en anguna parti…” El prencipinu. Antoine de Saint-Exupéry. (“Ce qui embellit le désert, dit le petit prince, c'est qu'il cache un puits quelque part...“ Le petit prince)
A finales de octubre y principios de
noviembre del 2023, realicé una travesía de ocho días por el desierto del
Sahara marroquí. Tuve la suerte de compartir la experiencia con un bonito grupo
de personas, con el apoyo logístico impecable y generoso de varios hombres
bereberes y sus camellos.
No
es fácil resumir cuanto viví y sentí
durante aquellas jornadas de caminata por el Sahara, de modo que dejaré escapar
sensaciones de manera espontánea, sin
más:
Llegada a Marrakech, donde inevitablemente me invaden recuerdos de otros viajes con viejos amigos, de los cuales, alguno ya desapareció. Noche de luna llena, ascendiendo en solitario a un monte rocoso en las proximidades de Ouarzazate. Kilómetros y kilómetros de palmeral en el Valle del Draa. El desierto de piedras entre montañas y cañones, como preludio. La inmensidad del desierto de fina arena, con la grandiosidad de sus dunas. La grandiosidad también de los propios pies caminando sin prisa ni objetivo concreto bajo el sol (en ocasiones deliciosamente implacable). Los amaneceres. Los atardeceres. Las huellas de multitud de seres silenciosos del desierto en las dunas, junto a las huellas de mis pisadas. Las ricas comidas compartidas a la sombra de la haima. Las fogatas nocturnas, con tambores y ancestrales cantos bereberes. Las noches en saco de dormir, entre dunas, bajo la cúpula celeste repleta de estrellas, y la mirada permanente de la constelación de Orión. Tener la oportunidad única y casual de poder sentir entre las manos, durante unos instantes, el suave tacto de un “pez del desierto”. Sacar agua de un pozo, idéntico al de la historia de “Le petit prince”. Y el valor del agua en los labios con sed. Y las risas, y la camaradería, y el diálogo interno sosegado.
A la vuelta, me reencuentro de nuevo con mi
montaña, si es que algo es de alguien, en plena explosión de colores otoñales y con su verdor habitual.
¡Gracias
Desierto! ¡Gracias Madre Tierra!





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